La tempestad precede a la calma.
Inquieto centré la atención,
¿dónde?
en el futuro, en el miedo a lo desconocido,
así todo lo que me rodeaba era presa de mi atención
y yo preso del miedo.
Todo era miedo.
Pero... yo no era miedo.
Centré mi atención en mí.
El miedo comenzó a derretirse.
Su gélida mano se convirtió en mi bastión.
Nadé en un océano incierto.
Naufragué hasta que deje de dudar,
goberné mi isla desierta,
con fe, arrojo y una sonrisa.
Las mismas profundas aguas,
desconocidas,
inexploradas por mí.
Aroma de sal penetra mis poros,
el horizonte acaba dónde el mar y el cielo se encuentran.
Allí es hacía dónde voy, allí es mi patria, allí.
Sonrío y paso a paso me fundo con la incertidumbre,
¿qué es?
¿qué soy?
Su cosquilleo me inunda,
palmo a palmo, ungido en la inmensidad,
libertad de movimiento,
felicidad en alta mar.
Mi mente es un bastión, brújula,
mis palabras mensajes en una botella,
mi cuerpo universal,
mi fe, todo lo que puedo amar,
mi único equipaje...
a rebosar.
Me encontré y encontraré
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